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Carta imaginaria a Ernest!

 En este post les comparto una idea que me dio un buen texto como resultado. La idea la tomé de 5 sugerencias leídas en Medium. (Al final en notas). Si buscas ideas para escribir, aquí hay 5 sugerencias. Mientras tanto aquí tienes el resultado de mmi carta imaginaria. Querido Ernest: Hace un tiempo me vino el recuerdo de cuando leí tu novela El viejo y el mar . Quedé profundamente conmovido por la maestría con la que capturaste el carácter y la pura determinación del viejo pescador, Santiago. (Captura de pantalla del autor) La primera vez que me encontré con el título fue años antes de leer realmente el libro. Fue durante una visita a mis familiares en Xalapa, Veracruz. Vi a mi primo, el primo Modesto, sosteniendo una copia de la novela. Él iniciaba sus estudios en la Universidad Autónoma de Veracruz en Xalapa, yo estaba aún estudaindo la preparatoria en Gutierrez Zamora, Veracruz. El título se me quedó grabado en la memoria y, años después, finalmente tuve la oportunidad de compra...

Sí hay algo más fuerte que el orgullo

Orgullo y angustia

En algún momento de mi vida dejé de ser insistente en la búsqueda de la amistad... Me concreto a conservar los pocos que son mucho para el alma, para el corazón. Sin embargo, siempre aparecerán nuevas amistades en el camino que uno sigue, por lejano que esté de casa. Afortunadamente así pesa menos el camino, aunque luego no deje de tener polvoredas, ligeras borrascas o tormentas y huracanes.

No me gusta rogar mi amistad, mi trabajo ni mi amor... Y cuando algo viene a perturbar mi existencia sin haberlo anunciado, a veces conviene echar mano del orgullo --a menos eso pensaba hasta ahora-- como arma extrema, como último recurso para las difíciles desiciones.

Pero el corazón parece que nunca se cansará de rogar hasta la muerte. Y ruega por amistad o por amor, o por soledad o por encanto...

Y súbitamente, la razón quiere evitar el sufrimiento... llama al orgullo a la batalla.

Pero hoy he descubierto que hay algo más fuerte que el orgullo, y lo derrota lentamente sin ser notado. Ataca al cuerpo en lugar del pensamiento: es la angustia, hasta ahora una palabra pequeña y aparentemente pasajera e inofensiva. Pero cuanto puede cansar al cuerpo con su anestesia en su intento de derrotar al orgullo.

El cuerpo se asusta terriblemente ante el cansancio inesperado sin razón alguna, ante el intento de cortar el puente entre el pensamiento y la consciencia (cortocircuito)... Que pavor ha sentido el cuerpo, quizás no el cuerpo en su totalidad, sino el cerebro, la cabeza que casi pierde su cabeza, la visión que casi pierde el corazón. La caja negra que guarda la memoria de cada instante que transcurre grita fuertemente intentando no romperse. Así transcurre una batalla entre segundos que parecen horas. Una batalla en la los ojos parecen cerrarse imperceptiblemente, la visión parecer querer hacer tregua y retirarse a dormir en horas de vigilia, y el oído toca la retirado sin permiso. Y nadie se pone de acuerdo en los segundos que tuvieron desorganizadamente para un golpe de estado.

Hoy he descubierto que el orgullo si puede ser derrotado.

(Hong Kong, 19 de julio de 2019)





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