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En este blog comparto ideas y publicaciones de lo que voy aprendiendo y haciendo en mi vida diaria en Hong Kong desde 2015. Algunos post los publico en inglés con la finalidad de captar más lectores.
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La probreza no causa el crimen- A mi madre que en paz descanse
Aquí les comparto una interesante reflexión que se desarrolló a partir de uaa discusión.
Hace un par de días me emocioné en un Hilo en Leothreads... En parte, ese pequeño relato-respuesta, o intento de respuesta me hizo recordar a mi madre.
Por lo que ahora lo retomo, y en honor a ella, que en paz descanse, y que además mañana 12 de diciembre sería su cumpleaños.
Por cierto, que tenemos la suerte de tener una misa de Misioneros Guadalupanos aquí en Hong Kong. Si estás en Hong Kong y te puedes dar una escapada, también es una oportunidad para paladear unos antojitos mexicanos.

Pues aquí les dejo la invitación. La misa tendrá lugar cerca de China:
Parroquia Madre de Cristo
I1 Po Ping Rd, Sheung Shui
Por otro lado, aquí les comparto mis reflexiones que me hicieron recordar a mi madre.
En honor a tu Cumple, madre, ¡Feliz cumpleaños donde quiera que estés!
El hilo inició con una idea –polémica– que lanzó
Hilo: LA POBREZA NO CAUSA EL CRIMEN
La pobreza no causa el crimen; lo causan la baja capacidad cognitiva y el escaso autocontrol. En el siglo XIX esto se reconocía, y la educación escolar enseñaba autodisciplina (diligencia, prudencia, honestidad) además de habilidades prácticas para ayudar a compensar la menor capacidad cognitiva.
(Este post lo escribo en español, el hilo se desarrolló en inglés; el link del hilo lo dejo aquí: La pobreza no cause el crimen...
[Mis reflexiones]
Creo que es un tema complejo el tratar de identificar las causas y razones detrás del crimen. Estoy mayormente de acuerdo con la idea de que la pobreza no está inherentemente relacionada con la conducta delictiva. (Y aquí dejo fluir mi sentir desde mi propia vida vivida).
Por mi propia experiencia, crecí en un hogar de bajos ingresos. Durante gran parte de mi infancia, con frecuencia luchábamos por tener suficiente comida para sobrevivir la semana. Usábamos zapatos y ropa hasta que casi se deshacían, que no lo puedes imaginar lo que podían durar. Algunos días, nuestra única comida eran tortillas con chile; y si no teníamos chile para la salsa, nos dábamos por agradecidos con solo tener tortillas con sal. A veces los domingos eran como una celebración al tener comida con carne.
Por supuesto que había temporadas buenas, que al menos los días transcurrían con menos escasez.
A pesar de todo esto, jamás se me cruzó por la mente cometer un delito, robar o actuar deshonestamente. Esa es una de las razones por las que amaba la escuela: Ese lugar me ofrecía un breve escape de la escasez. Y cuando empecé a aprender matemáticas, descubrí algo que realmente disfrutaba: vender los antojitos y las pequeñas botanas que preparaba mi madre. Durante la temporada turística, esas ventas significaban un impulso muy necesario para nuestros ingresos.
A diferencia de la mayoría de la gente, que evitaba vender, a mí en realidad me gustaba.
En mi primer trabajo en un hotel aprendí una lección importante: cuando vendes algo, debes cobrar un precio justo que refleje el valor de tu tiempo y esfuerzo. Muchos vendedores ofrecían sus productos demasiado baratos, pero yo y mi hermana Mary preferíammos caminar más lejos para encontrar clientes que apreciaran la calidad y estuvieran dispuestos a pagar por ella. Ya teníamos nuestros clientes habituales.
Los productos más populares eran las empanadas y los tamales. Mi madre me los daba a bajo costo —es decir, a un precio muy económico— y yo guardaba la diferencia, con esa diferencia iba haciendo un pequeño ahorro. Cada vez que necesitábamos algo, como un par de zapatos nuevos, su expresión de preocupación, que antes parecía decir que era imposible, se iluminaba de alegría cuando yo sacaba mis ahorros; billetes guardados entre la palma seca del techo de la casa.
Hoy en día, México ha cambiado tanto que apenas lo reconozco. Me cuesta entender la mentalidad de muchos delincuentes actuales.
Después de haber vivido tanto en países asiáticos como en Estados Unidos, he llegado a darme cuenta de lo difícil que resulta explicar la deshonestidad, el robo y la corrupción cotidiana que parecen imposibles de erradicar en los países latinos.
Ahora mismo estoy en un país asiático que, comparado con muchas naciones latinoamericanas, se siente casi como un paraíso: el robo callejero prácticamente no existe.
Sin embargo, las estafas en línea siguen siendo muy comunes. Quizá se deba a que esconderse detrás de una pantalla facilita la conducta deshonesta y la hace más difícil de controlar. Por un lado, están quienes entienden el anonimato que ofrece internet; por el otro, está el insaciable deseo humano de obtener dinero rápido y fácil.
Bueno, perdón por esta respuesta tan larga que aún no logra encontrar una conclusión clara. Solo diré que tanto la pobreza como el crimen tienen múltiples factores. Pero no es justo correlacionarlos directamente.
(Este escrito está basado en un hilo desarrollado el 9 de diciembre de 2025. Hong Kong, SAR)
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